Alberto Edjogo: “Invertir en fútbol no es un gasto, es una apuesta de futuro”

Alberto Edjogo: “Invertir en fútbol no es un gasto, es una apuesta de futuro”

El exfutbolista y periodista deportivo Alberto Edjogo nos da las claves para hacer del fútbol un motor de futuro en Guinea Ecuatorial y nos cuenta la pasión que siente por su segundo país

El Nzalang acaba de escribir una página en la historia del fútbol africano. Aunque su sueño se desvaneció en el 3-1 contra Senegal, la “roja nacional” logró, con todos los pronósticos en contra, alcanzar los cuartos de final y derrotar a gigantes como Argelia o Malí. Durante semanas, la selección ha puesto en el mapa a Guinea Ecuatorial, ha hecho vibrar a su gente y ha demostrado que las dificultades del fútbol ecuatoguineano nada tienen que ver con la falta de talento.

“El fútbol en Guinea es imparable”

Para Alberto Edjogo (Sabadell, 1984), el fútbol en Guinea “es imparable, porque si tiras un balón a rodar en cualquier barrio, saldrán un montón de chicos y chicas persiguiéndolo. Es algo pasional, que les viene desde niños, y sería una pena no aprovecharlo”. Edjogo sabe de lo que habla. Su vida es un homenaje al fútbol “de barro”, ese que escapa al glamour de los focos pero que entraña el esfuerzo heroico de jugar “con la incertidumbre de que va el sueldo en cada jugada, en cada balón”, porque “con cada gol hay que alimentar a la familia”.

De madre española y padre ecuatoguineano, Alberto Edjogo lo ha sido casi todo en el deporte rey. Durante catorce años se curtió en el fútbol de base peleando en más de diez clubes, entre ellos el Sabadell y el Olimpic de Xátiva, y en 2003 debutó en la selección absoluta de su país materno. Con vocación de analista desde muy joven, pronto abrió un blog y empezó a construirse una carrera como periodista deportivo que culminó con su entrada en Gol Televisión, Radio Marca y La Liga TV.

“Guinea Ecuatorial es exuberancia en todo: en el clima, en la vegetación, en la energía que tiene la gente a la hora de defender sus ideas”

Además de un gran conocedor del fútbol, Edjogo es un apasionado de Guinea Ecuatorial, una tierra que él define con una palabra: exuberancia. “Guinea es exuberancia en todo: en el clima, en la vegetación, en la energía que tiene la gente a la hora de defender sus ideas”. Hoy, hablamos con él sobre fútbol, África y futuro.

Una de las limitaciones del fútbol en Guinea Ecuatorial, como nos dijo Benjamín Zarandona, es la inexistencia de categorías inferiores, de una liga desde los 8 hasta los 17 años que permita a los jóvenes entrenar cada semana en instalaciones bien equipadas. ¿Cómo se puede profesionalizar el fútbol en el país?

“El primer paso para cambiar el fútbol en Guinea Ecuatorial es la voluntad para cambiarlo. Antes de correr hay que empezar a andar”

El primer paso para cambiar algo es la voluntad para cambiarlo. No puede ser que un chico que tiene 16 o 17 años nunca haya competido en una liga. Eso dificulta mucho el progreso porque ya vas tarde con respecto a otros países de la región. Para articular una liga de fútbol base se necesita una inversión, que no debe verse como un gasto, sino como una apuesta de futuro.

Ocurre a menudo que a algunos jugadores africanos les cuesta competir: tienen la velocidad, la técnica, la resistencia, el físico, pero les falta nivel competitivo. No sólo habría que hacer selecciones sub15, sub17 y sub21, sino también establecer competiciones en distintos niveles y en distintas zonas.

Guinea es un país pequeño que podría organizarse sin tantos recursos, pero necesita un buen sistema, informático, sin ir más lejos, para monitorizar los partidos, la clasificación, las tarjetas, los jugadores que están sanos… y sería una pena que tuviera que venir alguien de Europa a instaurarlo. En África y en Guinea hay suficiente talento para llevarlo a cabo.

¿El fútbol puede convertirse en un activo para Guinea Ecuatorial? 

El fútbol es una gran industria, un motor económico. Pero antes de correr hay que empezar a andar. La liga en Guinea no tiene regularidad, no hay calendario fijo. El fútbol es una rueda, es imparable, porque si tiras un balón a rodar en cualquier barrio de Guinea, saldrán un montón de niños y niñas persiguiéndolo, es algo pasional, que viene desde niño y sería una pena no aprovecharlo. En un país como Guinea Ecuatorial, que es rico en muchas cosas y está muy bien ubicado, sería un valor imprescindible, y que sí se puede lograr.

“El fútbol no es un destino, es una herramienta para transmitir valores”

El fútbol africano es desconocido para el gran público, pero es un deporte que vertebra a muchas comunidades y al que se puede ver jugando a niños y jóvenes con más ímpetu, entrega y pasión que en otros países fuera de ese continente. ¿Qué papel cumple el fútbol en la juventud africana?

El fútbol no es un destino, es una herramienta para transmitir valores como el trabajo en equipo, el esfuerzo o la resistencia a la frustración. Los jóvenes encuentran referentes muy rápido, miran la televisión, ven a Mohamed Salah o a Sadio Mané y piensan “y yo por qué no”.

Cuando uno juega, aprende valores como la disciplina o el respeto por los compañeros y por los rivales, que es imprescindible. En África podemos tener la tendencia a que los referentes sean gente que hace cosas mal, que se dedica a explotar no sé qué zona o a llenarse los bolsillos, pero el fútbol le da valor a la meritocracia, a que quien lo hace bien puede llegar más arriba.

“El pueblo africano tiene una fuerza interior espectacular”

Has escrito un libro, Indomable, donde además de relatar tus años defendiendo la camiseta de Guinea Ecuatorial, te preguntas de dónde sacó fuerzas el continente africano para echar andar tras la experiencia de la colonización y del expolio. ¿De dónde procede esa fuerza?

Indomable es la rebeldía, la incapacidad de fuerzas externas para someter a todo un pueblo como es el africano. El pueblo africano tiene una fuerza interior espectacular que le hace superar adversidades que en otras latitudes sería imposible. Siempre ha estado sometido a injerencias externas desde la época de la esclavitud, y ha aguantado, ha resistido, hasta que llega un punto en que se rebela. Sabes que tus antepasados lo han pasado mal y han aguantado, y tú aguantas, pero a la vez también te rebelas, y creo que esa combinación es muy buena.

Como hijo de España y de Guinea Ecuatorial, has podido sentir lo que supone ser un “guineano en España” y un “español en Guinea”. ¿Cómo has sentido esa dualidad?

Hay un episodio muy gracioso. Estábamos en Gabón en una eliminatoria, entrenando, y se nos acercaban siempre unos niños para vernos. Cada vez que yo participaba, se reían mucho, saltaban y gritaban, y en una de estas escuché que decían “moan ntanang, moan ntanang”. Pregunté al preparador de porteros qué significaba y me dijo: “Esto en fang significa chico blanco, te ven como el chico blanco”. Porque era mestizo y los demás no. Entonces, sé muy bien lo que es ser el europeo en África y el africano en España.

Nunca he sentido infravaloración ni complejo, al revés, estoy muy orgulloso de dónde vengo y de lo que soy, pues todo eso ha forjado mi carácter. He tenido que escuchar cosas muy fuertes en campos de fútbol de España, pero nunca me ha afectado. Me siento mitad europeo y mitad africano y en cada una de mis acciones tengo muy presente ese origen.

Su mitad africana la descubrió en el verano de 2003, cuando viajó por primera vez a Guinea Ecuatorial. Edjogo cuenta que lo primero que le sorprendió al poner un pie fuera del avión fue “la humedad que había en el ambiente, esa bocanada de aire, de humedad que te impregna todos los poros de la piel y que te dificulta incluso los movimientos”.

De ese primer contacto con Guinea, recuerda con un afecto especial el calor que le dispensó la afición mientras entrenaba con el Nzalang: “Fue en el estadio de Bata, el antiguo, y cuando íbamos a comenzar el entrenamiento escuché un gran bullicio entre el hotel Panáfrica y el estadio. Cuando nos acercamos, me di cuente de que el campo estaba lleno para vernos, y ese cariño, ese aliento, ese empuje de la afición, que gritaba de entusiasmo en cada toque, en cada pase, en cada tiro a portería, no se me olvidará nunca”.

Guinea Ecuatorial es un país seguro, repleto de bellezas y con buenas infraestructuras. Sin embargo, su turismo es casi inexistente. ¿A qué crees que se debe?

Muchas veces que hablo de Guinea me preguntan si está cerca de Ecuador, si está en Sudamérica o en Centroamérica. Uno se da cuenta de lo poco que se habla de África en general y de Guinea Ecuatorial en particular, sobre todo en la escuela. Cuando llegas a una edad adulta, te encuentras con gente formada, que ha estudiado y es inteligente, pero que no tiene ni idea del tema, y ese desconocimiento hace que te dé reparo viajar.

¿Cuál es, para ti, el lugar más único que tiene Guinea Ecuatorial?

El pico Basilé es un lugar espectacular, se ve desde cualquier punto de la isla de Bioko. Pero me quedaría con Ureka, un lugar mágico donde vives una sensación de libertad y de exuberancia, entiendo que por ser uno de los lugares más lluviosos del mundo y donde más vegetación y vida hay. Ver esa libertad, esas cascadas y esa vegetación me impresionó mucho.

¿Qué itinerario imprescindible debería seguir alguien que quiera conocer Guinea Ecuatorial?

En Bioko, evidentemente, hay que ir a comer pescado a Luba, muy al sur. Luego, es imprescindible visitar Moka, respirar un poco de su aire fresco, muy puro, no tan húmedo y que te alegra el corazón. Y luego, callejear por Malabo, ir al barrio de Ela Nguema, tomar un poco de pollo, pillar una buena cerveza en alguna abacería e ir a visitar la Casa Verde.

Y qué decir de las islas, de Annobón, Corisco… Es única también la región continental: un amanecer en Mbini o un paseo por Niefang, el pueblo de mi papá.

Alberto Edjogo tiene muy claro que el futuro de su país materno pasa por potenciar su enorme fuerza, presente tanto en el espíritu de su gente, en su amor y talento por el fútbol, como en la exuberancia de su tierra, de sus paisajes y de su cultura.

Alberto Esparza

Alberto Esparza

Filólogo hispánico y periodista. Amante de Guinea Ecuatorial.

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“Bata será el lugar de mi retiro; su energía me atrapó.”

“Bata será el lugar de mi retiro; su energía me atrapó.”

Gestora cultural, editora y valiente librera (como buena nieta de la académica Trinidad Morgades), Deborah Ekoka dice haberse enamorado de Bata porque su olor, su energía y sus playas le recuerdan a su ciudad natal, Valencia.

Deborah

He de decir que mi primer viaje a Guinea Ecuatorial lo emprendí con mucha incertidumbre y cierto miedo, un miedo generado por las historias que mis primos habían contado muchos años atrás en las comidas familiares sobre apagones que duraban horas o días, o cómo mi primo estando enfermo de paludismo se escapaba del hospital por la ventana para volver a casa, castigos muy estrictos que te dejaban temblando o sucesos muy violentos.

Mi padre tenía en aquel entonces nueve hermanos y hermanas, y aunque todos mis primos y primas habían visitado ya Guinea Ecuatorial, yo era la única a la que su padre no la había llevado nunca. Cuando decidí ir fue por que por fin me pude pagar un billete y bloquear dos semanas de mi agenda para la estancia, allá en el año 2012.

Recuerdo cómo al bajar del avión en Malabo sentí una potente humedad sobre el cuerpo, y pensé “cómo pesa al aire en África”. Años después, en mi segundo viaje, aprendí que es algo característico de lugares como Malabo, y no del continente.

En este primer viaje descubrí el pueblo de Moka, situado al sur de la Isla de Bioko a mucha mayor altitud y famoso por sus bajas temperaturas, la playa de Arena Blanca, y otros lugares, pero una de las cosas que más me impactó fue ver el frondoso bosque de ese verde intenso y los carteles de Heineken en la carretera, casi del mismo tono verde, que irrumpían en la armonía de la vegetación. Y sinceramente me encantó. Toda mi familia estaba feliz de tenerme por fin allí.

Aún recuerdo cómo mi abuela me hizo sentar en su regazo cuando llegué, y uno de mis recuerdos favoritos es comer sus fantásticas alitas de pollo fritas en el porche de la casa colonial donde vive, observando el patio con sus enormes árboles y las vistas de Malabo. Quedé tan encantada que alargué mi estancia una semana más. Pero con el tiempo me di cuenta de que, aunque había sido un viaje un poco superficial, algo cambió dentro de mí se había encendido, empecé a darle más importancia a mis raíces, y al cabo de un año y medio lanzamos el proyecto de tienda y librería especializada en autores africanos y su diáspora, United Minds, que aún sigue activo. Pisar mamá África aún desde la superficialidad hizo mella en mí.

"Recuerdo cómo al bajar del avión en Malabo sentí una potente humedad sobre el cuerpo, y pensé “cómo pesa al aire en África”."

Dicen que Guinea Ecuatorial te escupe o te abraza; yo sentí un primer abrazo, no el más cálido a pesar de las altas temperaturas, pero me quedé con ganas de más.

Mi segundo viaje fue en 2019, con libreta en mano y una lista de todas las cosas que quería hacer y ver en esos 19 días. Ver a mi abuela (tía) Trinidad Morgades Besari—una eminente escritora y académica de la lengua de quien mi familia me habló poco—comprar artesanía ecuatoguineana, lo cual es más difícil en Malabo ya que en las tiendas solo hay arte camerunés, nigeriano y de otras regiones africanas, pero más tarde en Bata encontré una pequeña tienda en el Centro Cultural Español donde pude adquirir algún souvenir.

Presenté el libro del cual soy editora y autora de uno de los capítulos, “Metamba Miago: Relatos y saberes de mujeres afroespañolas” (Metamba Miago significa “mis raíces” en la lengua ndowe, la lengua de la etnia de mi familia), en los centros culturales de Malabo y Bata, y en la única librería del país en aquel entonces, La casa tomada.

Además tuve la oportunidad de encontrarme con grandes mujeres para mí como Anatasia Nve “ Mamá Anastasia”, defensora de derechos humanos de las mujeres, Trifonia Melibea Obono, escritora, Sese Sité, promotora de proyecto Barbarrio, Paloma Nze, periodista que trabaja en televisión y quien me llevó como invitada a su programa en la televisión pública, “A fondo”, para hablar sobre el libro.

Estuve también en Bata, ciudad que me enamoró, y que curiosamente me recordó mucho a Valencia, mi ciudad natal. Incluso la gente de allí parecía aflojar esa hostilidad que tiene la gente de Malabo. De la costa continental visité Ekuku, el pueblo de mi abuela, y también fui al interior, mi hermano (primo) me llevó y recomendó lugares maravillosos.

La gastronomía de costa a precios populares es de esas cosas que siempre recuerdo: el pepe soup del bar Fina, el bilolá, y otros platos quedaron grabados en mi paladar, que aún anhela esos sabores.

Sé que en un futuro, cuando pueda vivir allí gran parte de mi tiempo, Bata será el lugar elegido, pues su energía me atrapó. Si tuviera que pedir un viaje a medida, me encantaría conocer mejor las diferentes etnias del país, sus ritos, su gastronomía, su espiritualidad y tradiciones, conocer el arte tradicional y su significado.

Imagino que algún día existirá un museo como el que ya se plantea en el Parque Nacional, pero más accesible a las y los ciudadanos guineanos y que contenga aún más arte de todas estas etnias que componen Guinea Ecuatorial, e incluso permita visitar a los artistas y artesanos que crean en sus casas, y también desearía conocer a más figuras que han tenido impacto en la cultura e historia ecuatoguineana. Me quedan por ver lugares como Río Campo, el pueblo de mi abuelo cerca de Bata, Ureka y otros parajes del país. Tengo que empezar a hacer mi lista para mi próximo viaje.

Deborah Ekok

Deborah Ekok

Gestora cultural, editora y valiente librera de United Minds.

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“Un viaje a Guinea Ecuatorial es siempre un viaje de cine”

Malcolm Treniño-Sitte

“Un viaje a Guinea Ecuatorial es siempre un viaje de cine”

Tras apariciones en cine, como la taquillera Palmeras en la Nieve, su incansable trayectoria teatral, y sus ya múltiples personajes de televisión, como el entrañable Dayo en la serie de RTVE Dos Vidas, Malcolm Treviño-Sitté nos cuenta por qué visitar Guinea Ecuatorial es viajar en pantalla grande.

Hace unos años en un proyecto conjunto con la Comunidad de Madrid llamado África en las Bibliotecas, junto a un compañero también actor de origen ecuatoguineano, Primo José Mañana Nanabaha, algo hizo clic en nuestras cabezas. Después de nuestra representación teatral las preguntas de las y los alumnos, casi siempre iban orientadas a nuestra identidad oriunda, y haberles dicho que soy afrovallecano solo habría llevado a la repetición de la pregunta. De Guinea Ecuatorial somos, respondíamos, y entonces se hacía el silencio.

Para romper ese silencio incómodo, yo les preguntaba: ¿Sabéis cuál es el idioma oficial de Guinea Ecuatorial? Sí—respondían ellos—el francés, el portugués, el inglés… Aunque la respuesta ganadora era siempre el guineano.

Malcolm Sitte - Lo nunca visto (2019)
Malcolm Sitte - Lo nunca visto (2019)

Di man, vamos a explicárselo…Y nos pasábamos el resto de la sesión explicando que este país de África Central no sólo fue colonia sino que también fue provincia española y que, por supuesto, el idioma oficial es el castellano, y terminábamos invitándoles a que animaran a sus padres y familiares a visitar Guinea Ecuatorial, el único país de África donde se habla el idioma de Cervantes, amén del Sahara Occidental.

"¿Sabéis cuál es el idioma oficial de Guinea Ecuatorial? Sí—respondían ellos—el francés, el portugués, el inglés… Aunque la respuesta ganadora era siempre el guineano."

Soy Malcolm Treviño-Sitté, diplomado en Arte Dramático y actor profesional desde hace 23 años. Mi vida ha sido un viaje, la vida es un viaje, y viajar nos abre la mente y nos sacude los miedos. Y si lo cierto es que hay lugares preciosos repartidos por todo el mundo, espacios muy reconocidos a través del turismo que se fomenta desde aquellos lugares, no es menos cierto que una Guinea Ecuatorial quizá menos conocida no tiene nada que envidiar. Cuando tengo la posibilidad de visitar mi otro país, lo hago encantado, tantas veces como es posible. Sin duda reconectar con mis raíces, es algo que disfruto haciendo y deseo hacerlo con más frecuencia en un futuro próximo.

Malcolm Sitte - El chiringuito de Pepe (2014-2016)
Malcolm Sitte - El chiringuito de Pepe (2014-2016)

"Mi vida ha sido un viaje, la vida es un viaje, y viajar nos abre la mente y nos sacude los miedos."

Las temporadas que no he podido visitarlo, he ido dejando marcas o rasgos de Guinea Ecuatorial en algunos de mis trabajos en el cine, el teatro e incluso en series de televisión en las que he participado; eso me ayuda a reivindicar en mí entorno más cercano la conexión con mis orígenes, además de las charlas a las que someto a menudo a compañeras y compañeros sobre pasear por la Isla Bioko, hablar español como si estuvieras en cualquier rincón de La Mancha, pero situado en un barrio que se llame Malabo Dos, o Los Ángeles o en cualquiera de los poblados de la isla donde la flora (y la fauna) se imponen, y sentirse y oírse acogido por comunidades—siempre cálidas—es para un hispanohablante tan curioso como emotivo.

Malcolm Sitte - Making-of
Malcolm Sitte - Making-of

Dicho todo esto y egoístamente hablando, por lo que a mí respecta, me gustaría expresar la necesidad real e inmediata de explotar la belleza que tiene Guinea Ecuatorial en producciones audiovisuales. El mejor turismo para un país casi siempre está promovido por su capacidad para contar historias, con su cine por ejemplo, y exhibir nuestro país en imágenes lo hace más apetente. Sería un gran sueño transformar el país o parte del mismo en una gran escenografía, como lo han hecho otros destinos, o crear un gran festival de cine con acento español en África con grandes invitados del séptimo arte. Estaría bien demostrar que a día de hoy en Guinea Ecuatorial se puede llevar a cabo una producción audiovisual como las que ya se realizan en Latinoamérica, donde ahora mismo plataformas como NETFLIX, entre otras, están apostando fuerte por rodar grandes obras cinematográficas o producciones de grandes series.

"El mejor turismo para un país casi siempre está promovido por su capacidad para contar historias, con su cine por ejemplo, y exhibir nuestro país en imágenes lo hace más apetente"

Malcolm Sitte - Teatro

Lo que más desearía ahora mismo es fomentar el turismo cultural en mi otro país. Todo el mundo necesita consumir cultura, y este destino es un gran espejo para que el mundo entero conozca lo que los guineanos y guineanas ya saben: que un viaje a Guinea Ecuatorial es siempre un viaje de cine.

Rumbo Malabo

Rumbo Malabo

Tour Operator in Equatorial Guinea

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Entrevista Jose Mañana

Jose Mañana : «Guinea Ecuatorial es una maravilla por descubrir»

72.000 personas siguen los vídeos que publica José Mañana, un influencer ecuatoguineano que está dando a conocer su tierra al mundo y que nos cuenta las maravillas del único país hispano de África.

“Te acaricia una brisa suave mientras escuchas el sonido penetrante de las olas golpeando el malecón. Y tienes esa sensación de estar viviendo algo que no habías sentido antes. Vibras con el bullicio de las personas que se agolpan allí y huele… ¿A qué huele Guinea Ecuatorial? Guinea Ecuatorial huele a amapolas”. Así recuerda José Mañana su última tarde en el paseo marítimo de Bata, “uno de los lugares más hermosos” en los que ha estado y su rincón predilecto de la ciudad. Y lo hace con la nostalgia de quien, tras años fuera, sueña con el momento de volver a casa.

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José tiene 25 años y se define como “un chico que vela por que su país sea conocido en el mundo hispano”. Decir esto suena a paradoja, a intentar que Portugal sea conocido en Europa o Corea en Asia. Porque su país, Guinea Ecuatorial, es parte del mundo hispano tanto como lo son España, Argentina o Colombia. Enclavada en África Central e independiente desde 1968, Guinea Ecuatorial es el único país del continente que habla español y que, junto a América y Europa, “cierra el triángulo” de la lengua de Cervantes en el mundo, como le gusta decir al escritor Donato Ndongo.

Pero muy poco de eso se conoce fuera de sus fronteras. Y contra eso lucha José desde su canal de YouTube, que abrió en 2019 y al que siguen ya 72.000 personas. Empezó con vídeos de magia y crítica social. Pronto se mudó a Malasia a estudiar y se dio cuenta de que la gente necesitaba conocer que Guinea Ecuatorial existía y tenía mucho que ofrecer al mundo. “Nadie sabía siquiera que en África se hablaba español. Cuando me escuchaban utilizarlo, me preguntaban que cuánto tiempo había vivido en España, ¡nunca la he pisado, en mi país se habla español!”

“Cuando me escuchaban hablar español, me preguntaban cuánto tiempo había vivido en España: ¡Nunca, en mi país se habla español!”

El español es, como el resto de lenguas europeas habladas en África, hijo de la colonización. Pese a ello, Jose Mañana cree que los guineanos lo han hecho suyo y lo han integrado en su cultura: “Fue algo que nos impusieron, pero al mismo tiempo es el mejor legado que nos dejó aquella época oscura. Los jóvenes sabemos que el español es nuestra herramienta principal para comunicarnos y salir al mundo”

Centro cultural español en Malabo

José tampoco cree que la lengua de Cervantes corra peligro por la convivencia con el francés y el portugués, que desde 1998 y 2007 comparten oficialidad con el español: “Nunca he escuchado francés en la calle; a nadie le interesa hablarlo, y el portugués ni siquiera se estudia en la escuela. Hay informativos en ambos idiomas y su audiencia es nula. Los guineanos no le vemos sentido a cambiar de idioma, nos hemos enamorado del español”. En el día a día, sus compatriotas lo emplean en el ámbito público, escolar y laboral, mientras que en el familiar priman las lenguas autóctonas, en especial el fang (en la franja continental) y el bubi (en la isla de Bioko).

“Los guineanos nos hemos enamorado del español y sabemos que es nuestra herramienta para comunicarnos y salir al mundo”

El idioma común es, para José, lo que hermana a Guinea Ecuatorial con España y con los 19 países hispanohablantes de América: “Cuando entré en contacto con el mundo latino, vi que me identificaba con ellos, que la lengua nos llevaba a una cultura compartida y que Guinea Ecuatorial debe ser considerada parte de esa comunidad si queremos que nos conozcan y nos visiten”. Ese es, precisamente, el reto pendiente de Guinea Ecuatorial: el turismo.

“Guinea Ecuatorial es una maravilla por descubrir, pero si la gente no sabe del valor del turismo, no puede apostar por él”

Pese a que el país es, para este influencer, “una maravilla por descubrir”, encabeza la cola del ranking de lugares menos visitados del mundo. ¿La razón? Para el youtuber, el desconocimiento del sector: “Si la gente que vive en Guinea Ecuatorial no sabe del valor del turismo, no puede apostar por él. Ahora mismo nuestra única fuente económica es el petróleo, pero se acabará. Y para entonces necesitamos hacer de Guinea Ecuatorial un paraíso, facilitar los trámites de visado y conseguir que vengan a conocernos”.

Malabo Promenade

En su generación, la mentalidad respecto al turismo está cambiando: “Nosotros ya sabemos cómo vender internacionalmente nuestro país. En Google, Guinea Ecuatorial empieza a ser tendencia. Lo único que falta son los medios para que quien lo desee pueda viajar a Guinea Ecuatorial, porque la gente no va a sitios donde le compliquen la vida”. En paralelo, están floreciendo iniciativas de jóvenes emprendedores destinadas a facilitar los viajes a Guinea Ecuatorial, como la agencia Rumbo Malabo.

José Mañana está convencido de que cualquiera que pise su tierra quedará hipnotizado por el encanto entre hispano, caribeño y africano que tiene Guinea Ecuatorial. Su lista de lugares imprescindibles para visitar Guinea Ecuatorial la encabeza el Pico Basilé, en la isla de Bioko, muy cerca de la capital. “Además de tratarse del monte más alto del país, es un antiguo volcán a cuyas faldas hay un parque natural con primates, vegetación exuberante y otras especies en peligro de extinción”. Otra visita esencial es, para él, el parque de Monte Alén, esta vez en la región continental y célebre en España por ser donde nació Copito de Nieve, el famoso gorila albino del zoo de Barcelona.

“Un turista podría disfrutar de sumergirse en la zona más selvática del país y dormir después en un sitio con todas las comodidades”

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Foto: Excursión Pico Basilé - Rumbo Malabo

Un encanto para el viajero, dice, es el contraste entre una naturaleza pletórica y lo desarrollado de muchas infraestructuras turísticas: “El hotel Djibloho, en plena parte continental, es un espacio inmenso donde puedes convivir con alguien durante tres meses y no encontraros una sola vez. Un turista podría disfrutar de sumergirse en la zona más selvática del país y dormir después en un sitio con todas las comodidades”.

Pero sin duda, lo que más echa de menos de su hogar es la comida. “Se me hace la boca agua recordando los sabores de Guinea Ecuatorial. La bambucha, que se come con maíz o con hierbas trituradas con palmiste; o el añorowono, un plato a partir de delicioso cacahuete molido”.

“Se me hace la boca agua con los sabores de Guinea Ecuatorial: la bambucha o el añorowono”

José Mañana desmiente en sus vídeos un mantra sobre África: la inseguridad. El caso de Guinea Ecuatorial es, asegura, un oasis de tranquilidad con índices de criminalidad casi inexistentes: “Un seguidor mexicano de mi canal viajó a Guinea Ecuatorial y me envió un vídeo para mostrarme, asombrado, que estaba paseando en plena noche por las calles de Malabo sin ningún sobresalto. Y es que más allá de algún robo puntual, apenas hay incidentes. En Guinea Ecuatorial respetamos mucho a los turistas, les tenemos un grandísimo cariño”.

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“En Guinea Ecuatorial apenas hay incidentes, respetamos mucho a los turistas”

A pocos meses de volver a casa, dice que los años en el extranjero le han hecho tomar conciencia de la grandeza de su país: “Antes tenía la mente cerrada. Ahora tengo dos culturas, dos visiones y siento que debo hacer ver al mundo cómo es Guinea Ecuatorial”. Ese mundo es cada vez un poco más grande. Gracias a su labor de difusión y a la de otros jóvenes emprendedores, miles de personas conocen cada día un poco más ese pequeño pedazo de hispanidad en África que algún día, espera, será visitado, querido y recordado como merece.

Alberto Esparza

Alberto Esparza

Filólogo hispánico y periodista. Amante de Guinea Ecuatorial.

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Entrevista Benjamín Zarandona

Benjamín Zarandona: «Guinea Ecuatorial es un paraíso»

El exjugador del Betis vive entre España y Guinea Ecuatorial, una tierra de la que está enamorado y donde trabaja por las nuevas generaciones del fútbol.

“España aún no ha descubierto los paraísos que tiene Guinea Ecuatorial”. Benjamín Zarandona (Valladolid, 1976) es sincero cuando se le pregunta por qué en la antigua metrópoli casi nadie visita este país africano, colonia española hasta 1968 y única nación del continente que habla la lengua de Cervantes. “Cuando publico fotos o vídeos, la gente no se cree que haya islas, como Corisco o Annobón, que nada tienen que envidiar a Punta Cana”.

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Benjamín sabe de lo que habla. Recibió la herencia africana de su madre, que nació en la ciudad costera de Mbini. Fue allí donde su padre, un vasco de Portugalete, la conoció mientras hacía el servicio militar. Juntos regresaron y en Valladolid tuvieron a Benjamín, que en sus calles aprendió a amar el fútbol. En la ciudad castelloleonesa dió comienzo su carrera, que durante once temporadas lo llevó a la primera división en el Valladolid, el Real Betis y el Cádiz.

Y un buen día, Guinea llamó a su puerta. “Vino a Sevilla el presidente de la Federación de Guinea Ecuatorial. Yo ya tenía una edad y sabía que ir a la selección española era muy complicado, así que decidí viajar allí, donde también jugaba mi hermano”. Benjamín nunca había visitado la patria de su madre, pero no olvidará el momento en que su avión aterrizó en Malabo.

“No esperaba ese recibimiento en Guinea ni que allí siguieran la liga”

“Me quedé impresionado, yo no esperaba ese recibimiento ni que allí siguieran la liga, pero estaban informados de todo. Cuando llegamos al aeropuerto había muchísima, muchísima gente esperando”. Encontró una tierra de una belleza desbordante, de verde hipnótico y sol tropical. Pero también sintió que lo necesitaban: “Me impresionó mucho el orfanato de Malabo, aquellos niños, y a partir de ese día supe que necesitaba echar una mano”.

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Benjamín cree en el poder transformador del fútbol. En su fuerza para unir a las nuevas generaciones y brindarles un futuro mejor. Lleva años persiguiendo dos metas que lo hagan posible: que exista una estructura de categorías inferiores y que los niños crezcan en valores y deportividad: “La base es una buena estructura de categorías inferiores, una liga desde los ocho hasta los 17 años que les permita jugar todas las semanas con buenas instalaciones y formadores”.

“Este proyecto tiene tres pilares: valores, educación y fútbol”

Para conseguirlo, Zarandona trabaja de la mano de la Fundación Martínez Hermanos y de la Fundación Real Betis Balompié. Con la primera ha organizado durante ocho años un campus de fútbol masculino y femenino: “Han llegado a venir 300 niños, duraba tres semanas y lo hacíamos en el colegio Salesianos de Bata. Les dábamos a todos de desayunar, les dábamos botas, material, no les faltaba absolutamente de nada”.

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Con la Fundación de su antiguo club dirige a un grupo de 18 niños que ha llevado en dos ocasiones a jugar torneos a Madrid y con los que entrena en el estadio de Nkua-Ntoma (Bata), en unas instalaciones cedidas por el Ministerio de Deportes. “Este proyecto tiene tres pilares: valores, educación y fútbol. Tratamos de inculcarles valores y metodología de entrenamiento”. El Real Betis proporciona la marca y la ropa y él se encarga de buscar patrocinadores.

Benjaminzarandona

Otro enorme potencial de Guinea es el turismo. La voz de Benjamín vibra cuando habla de su segundo país: “Guinea Ecuatorial es un paraíso. Si España nos diera más visibilidad, muchos optarían por venir y conocer las islas de Corisco y Annobón, su gente y su gastronomía”.

El exfutbolista se relaja a menudo en ellas y se confiesa enamorado de las “preciosas playas” y de la “buena gente” que las habita desde hace siglos. Le gustaría que sus compatriotas en Europa pusieran los ojos sobre esta esmeralda africana y se dejaran arropar por el calor tropical, la quietud y una naturaleza exuberante que lo empapa todo de un verde cegador.

Cuando está en Guinea, Benjamín pasa la mayor parte de su tiempo sobre la isla de Bioko, un lugar singular porque acoge la única capital del mundo, Malabo, que no está situada sobre el territorio continental del país. Llamada Santa Isabel durante la época española, es un centro histórico sembrado de vestigios coloniales y caminar por sus calles es una experiencia sensorial de aromas, culturas, pasado y futuro de África.

Reencontrarse con el ritmo de vida local y con su gastronomía ha sido otro de los regalos que le ha brindado, dice, su vuelta a Guinea: “La fruta es maravillosa, la piña es superdulce, el mango y la papaya también”. Tan agradable como la comida es, para Benjamín, la calma y el bienestar que ofrece el país: “Llevo unos años aquí y lo mejor es la gente, la paz y la tranquilidad con la que se vive”.

“Llevo unos años aquí y lo mejor es la gente, la paz y la tranquilidad con la que se vive”

Reconoce que le falta por visitar uno de los rincones más imponentes de Guinea, la cascada de Ureka, uno de los parques naturales vírgenes del país que ofrece un espectáculo de ríos, playas eternas y cataratas. Mientras le convencemos de que la conozca de la mano de Rumbo Malabo, nos cuenta el impacto que le causó otro de los símbolos de Guinea Ecuatorial y de la isla de Bioko: la finca Sampaka.

Para él, este lugar es “un recuerdo histórico que reconcilia la tradición con el presente”. La finca, recreada en la película Palmeras en la nieve, fue un símbolo de la colonización española y era conocida por cultivar y exportar uno de los mejores cacaos del mundo.

Con la independencia de Guinea en 1968, la producción de chocolate en el país entró en un rápido declive y Sampaka estuvo muy cerca de pasar a los libros de historia. Pero con el impulso de una nueva generación, el emblemático lugar ha vuelto a sus años dorados y se ha convertido en el refugio favorito de Benjamín.

La vida de Zarandona, que vive entre Malabo y Madrid, es un crisol de la cultura española y la guineana. “Tuve la suerte de nacer en España porque eso me permitió rodearme del mundo del fútbol y conocer a muchísima gente. Y gracias a mis padres tengo el arraigo de ir a Guinea, de conocerla y de ayudar al deporte y a los niños, que son lo principal”. A ambas les debe, dice, todo lo que es hoy.

Alberto Esparza

Alberto Esparza

Filólogo hispánico y periodista. Amante de Guinea Ecuatorial.

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