Entrevista Benjamín Zarandona

Benjamín Zarandona: «Guinea Ecuatorial es un paraíso»

El exjugador del Betis vive entre España y Guinea Ecuatorial, una tierra de la que está enamorado y donde trabaja por las nuevas generaciones del fútbol.

“España aún no ha descubierto los paraísos que tiene Guinea Ecuatorial”. Benjamín Zarandona (Valladolid, 1976) es sincero cuando se le pregunta por qué en la antigua metrópoli casi nadie visita este país africano, colonia española hasta 1968 y única nación del continente que habla la lengua de Cervantes. “Cuando publico fotos o vídeos, la gente no se cree que haya islas, como Corisco o Annobón, que nada tienen que envidiar a Punta Cana”.

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Benjamín sabe de lo que habla. Recibió la herencia africana de su madre, que nació en la ciudad costera de Mbini. Fue allí donde su padre, un vasco de Portugalete, la conoció mientras hacía el servicio militar. Juntos regresaron y en Valladolid tuvieron a Benjamín, que en sus calles aprendió a amar el fútbol. En la ciudad castelloleonesa dió comienzo su carrera, que durante once temporadas lo llevó a la primera división en el Valladolid, el Real Betis y el Cádiz.

Y un buen día, Guinea llamó a su puerta. “Vino a Sevilla el presidente de la Federación de Guinea Ecuatorial. Yo ya tenía una edad y sabía que ir a la selección española era muy complicado, así que decidí viajar allí, donde también jugaba mi hermano”. Benjamín nunca había visitado la patria de su madre, pero no olvidará el momento en que su avión aterrizó en Malabo.

“No esperaba ese recibimiento en Guinea ni que allí siguieran la liga”

“Me quedé impresionado, yo no esperaba ese recibimiento ni que allí siguieran la liga, pero estaban informados de todo. Cuando llegamos al aeropuerto había muchísima, muchísima gente esperando”. Encontró una tierra de una belleza desbordante, de verde hipnótico y sol tropical. Pero también sintió que lo necesitaban: “Me impresionó mucho el orfanato de Malabo, aquellos niños, y a partir de ese día supe que necesitaba echar una mano”.

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Benjamín cree en el poder transformador del fútbol. En su fuerza para unir a las nuevas generaciones y brindarles un futuro mejor. Lleva años persiguiendo dos metas que lo hagan posible: que exista una estructura de categorías inferiores y que los niños crezcan en valores y deportividad: “La base es una buena estructura de categorías inferiores, una liga desde los ocho hasta los 17 años que les permita jugar todas las semanas con buenas instalaciones y formadores”.

“Este proyecto tiene tres pilares: valores, educación y fútbol”

Para conseguirlo, Zarandona trabaja de la mano de la Fundación Martínez Hermanos y de la Fundación Real Betis Balompié. Con la primera ha organizado durante ocho años un campus de fútbol masculino y femenino: “Han llegado a venir 300 niños, duraba tres semanas y lo hacíamos en el colegio Salesianos de Bata. Les dábamos a todos de desayunar, les dábamos botas, material, no les faltaba absolutamente de nada”.

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Con la Fundación de su antiguo club dirige a un grupo de 18 niños que ha llevado en dos ocasiones a jugar torneos a Madrid y con los que entrena en el estadio de Nkua-Ntoma (Bata), en unas instalaciones cedidas por el Ministerio de Deportes. “Este proyecto tiene tres pilares: valores, educación y fútbol. Tratamos de inculcarles valores y metodología de entrenamiento”. El Real Betis proporciona la marca y la ropa y él se encarga de buscar patrocinadores.

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Otro enorme potencial de Guinea es el turismo. La voz de Benjamín vibra cuando habla de su segundo país: “Guinea Ecuatorial es un paraíso. Si España nos diera más visibilidad, muchos optarían por venir y conocer las islas de Corisco y Annobón, su gente y su gastronomía”.

El exfutbolista se relaja a menudo en ellas y se confiesa enamorado de las “preciosas playas” y de la “buena gente” que las habita desde hace siglos. Le gustaría que sus compatriotas en Europa pusieran los ojos sobre esta esmeralda africana y se dejaran arropar por el calor tropical, la quietud y una naturaleza exuberante que lo empapa todo de un verde cegador.

Cuando está en Guinea, Benjamín pasa la mayor parte de su tiempo sobre la isla de Bioko, un lugar singular porque acoge la única capital del mundo, Malabo, que no está situada sobre el territorio continental del país. Llamada Santa Isabel durante la época española, es un centro histórico sembrado de vestigios coloniales y caminar por sus calles es una experiencia sensorial de aromas, culturas, pasado y futuro de África.

Reencontrarse con el ritmo de vida local y con su gastronomía ha sido otro de los regalos que le ha brindado, dice, su vuelta a Guinea: “La fruta es maravillosa, la piña es superdulce, el mango y la papaya también”. Tan agradable como la comida es, para Benjamín, la calma y el bienestar que ofrece el país: “Llevo unos años aquí y lo mejor es la gente, la paz y la tranquilidad con la que se vive”.

“Llevo unos años aquí y lo mejor es la gente, la paz y la tranquilidad con la que se vive”

Reconoce que le falta por visitar uno de los rincones más imponentes de Guinea, la cascada de Ureka, uno de los parques naturales vírgenes del país que ofrece un espectáculo de ríos, playas eternas y cataratas. Mientras le convencemos de que la conozca de la mano de Rumbo Malabo, nos cuenta el impacto que le causó otro de los símbolos de Guinea Ecuatorial y de la isla de Bioko: la finca Sampaka.

Para él, este lugar es “un recuerdo histórico que reconcilia la tradición con el presente”. La finca, recreada en la película Palmeras en la nieve, fue un símbolo de la colonización española y era conocida por cultivar y exportar uno de los mejores cacaos del mundo.

Con la independencia de Guinea en 1968, la producción de chocolate en el país entró en un rápido declive y Sampaka estuvo muy cerca de pasar a los libros de historia. Pero con el impulso de una nueva generación, el emblemático lugar ha vuelto a sus años dorados y se ha convertido en el refugio favorito de Benjamín.

La vida de Zarandona, que vive entre Malabo y Madrid, es un crisol de la cultura española y la guineana. “Tuve la suerte de nacer en España porque eso me permitió rodearme del mundo del fútbol y conocer a muchísima gente. Y gracias a mis padres tengo el arraigo de ir a Guinea, de conocerla y de ayudar al deporte y a los niños, que son lo principal”. A ambas les debe, dice, todo lo que es hoy.

Alberto Esparza

Alberto Esparza

Filólogo hispánico y periodista. Amante de Guinea Ecuatorial.

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