Alberto Edjogo: “Invertir en fútbol no es un gasto, es una apuesta de futuro”

Alberto Edjogo: “Invertir en fútbol no es un gasto, es una apuesta de futuro”

El exfutbolista y periodista deportivo Alberto Edjogo nos da las claves para hacer del fútbol un motor de futuro en Guinea Ecuatorial y nos cuenta la pasión que siente por su segundo país

El Nzalang acaba de escribir una página en la historia del fútbol africano. Aunque su sueño se desvaneció en el 3-1 contra Senegal, la “roja nacional” logró, con todos los pronósticos en contra, alcanzar los cuartos de final y derrotar a gigantes como Argelia o Malí. Durante semanas, la selección ha puesto en el mapa a Guinea Ecuatorial, ha hecho vibrar a su gente y ha demostrado que las dificultades del fútbol ecuatoguineano nada tienen que ver con la falta de talento.

“El fútbol en Guinea es imparable”

Para Alberto Edjogo (Sabadell, 1984), el fútbol en Guinea “es imparable, porque si tiras un balón a rodar en cualquier barrio, saldrán un montón de chicos y chicas persiguiéndolo. Es algo pasional, que les viene desde niños, y sería una pena no aprovecharlo”. Edjogo sabe de lo que habla. Su vida es un homenaje al fútbol “de barro”, ese que escapa al glamour de los focos pero que entraña el esfuerzo heroico de jugar “con la incertidumbre de que va el sueldo en cada jugada, en cada balón”, porque “con cada gol hay que alimentar a la familia”.

De madre española y padre ecuatoguineano, Alberto Edjogo lo ha sido casi todo en el deporte rey. Durante catorce años se curtió en el fútbol de base peleando en más de diez clubes, entre ellos el Sabadell y el Olimpic de Xátiva, y en 2003 debutó en la selección absoluta de su país materno. Con vocación de analista desde muy joven, pronto abrió un blog y empezó a construirse una carrera como periodista deportivo que culminó con su entrada en Gol Televisión, Radio Marca y La Liga TV.

“Guinea Ecuatorial es exuberancia en todo: en el clima, en la vegetación, en la energía que tiene la gente a la hora de defender sus ideas”

Además de un gran conocedor del fútbol, Edjogo es un apasionado de Guinea Ecuatorial, una tierra que él define con una palabra: exuberancia. “Guinea es exuberancia en todo: en el clima, en la vegetación, en la energía que tiene la gente a la hora de defender sus ideas”. Hoy, hablamos con él sobre fútbol, África y futuro.

Una de las limitaciones del fútbol en Guinea Ecuatorial, como nos dijo Benjamín Zarandona, es la inexistencia de categorías inferiores, de una liga desde los 8 hasta los 17 años que permita a los jóvenes entrenar cada semana en instalaciones bien equipadas. ¿Cómo se puede profesionalizar el fútbol en el país?

“El primer paso para cambiar el fútbol en Guinea Ecuatorial es la voluntad para cambiarlo. Antes de correr hay que empezar a andar”

El primer paso para cambiar algo es la voluntad para cambiarlo. No puede ser que un chico que tiene 16 o 17 años nunca haya competido en una liga. Eso dificulta mucho el progreso porque ya vas tarde con respecto a otros países de la región. Para articular una liga de fútbol base se necesita una inversión, que no debe verse como un gasto, sino como una apuesta de futuro.

Ocurre a menudo que a algunos jugadores africanos les cuesta competir: tienen la velocidad, la técnica, la resistencia, el físico, pero les falta nivel competitivo. No sólo habría que hacer selecciones sub15, sub17 y sub21, sino también establecer competiciones en distintos niveles y en distintas zonas.

Guinea es un país pequeño que podría organizarse sin tantos recursos, pero necesita un buen sistema, informático, sin ir más lejos, para monitorizar los partidos, la clasificación, las tarjetas, los jugadores que están sanos… y sería una pena que tuviera que venir alguien de Europa a instaurarlo. En África y en Guinea hay suficiente talento para llevarlo a cabo.

¿El fútbol puede convertirse en un activo para Guinea Ecuatorial? 

El fútbol es una gran industria, un motor económico. Pero antes de correr hay que empezar a andar. La liga en Guinea no tiene regularidad, no hay calendario fijo. El fútbol es una rueda, es imparable, porque si tiras un balón a rodar en cualquier barrio de Guinea, saldrán un montón de niños y niñas persiguiéndolo, es algo pasional, que viene desde niño y sería una pena no aprovecharlo. En un país como Guinea Ecuatorial, que es rico en muchas cosas y está muy bien ubicado, sería un valor imprescindible, y que sí se puede lograr.

“El fútbol no es un destino, es una herramienta para transmitir valores”

El fútbol africano es desconocido para el gran público, pero es un deporte que vertebra a muchas comunidades y al que se puede ver jugando a niños y jóvenes con más ímpetu, entrega y pasión que en otros países fuera de ese continente. ¿Qué papel cumple el fútbol en la juventud africana?

El fútbol no es un destino, es una herramienta para transmitir valores como el trabajo en equipo, el esfuerzo o la resistencia a la frustración. Los jóvenes encuentran referentes muy rápido, miran la televisión, ven a Mohamed Salah o a Sadio Mané y piensan “y yo por qué no”.

Cuando uno juega, aprende valores como la disciplina o el respeto por los compañeros y por los rivales, que es imprescindible. En África podemos tener la tendencia a que los referentes sean gente que hace cosas mal, que se dedica a explotar no sé qué zona o a llenarse los bolsillos, pero el fútbol le da valor a la meritocracia, a que quien lo hace bien puede llegar más arriba.

“El pueblo africano tiene una fuerza interior espectacular”

Has escrito un libro, Indomable, donde además de relatar tus años defendiendo la camiseta de Guinea Ecuatorial, te preguntas de dónde sacó fuerzas el continente africano para echar andar tras la experiencia de la colonización y del expolio. ¿De dónde procede esa fuerza?

Indomable es la rebeldía, la incapacidad de fuerzas externas para someter a todo un pueblo como es el africano. El pueblo africano tiene una fuerza interior espectacular que le hace superar adversidades que en otras latitudes sería imposible. Siempre ha estado sometido a injerencias externas desde la época de la esclavitud, y ha aguantado, ha resistido, hasta que llega un punto en que se rebela. Sabes que tus antepasados lo han pasado mal y han aguantado, y tú aguantas, pero a la vez también te rebelas, y creo que esa combinación es muy buena.

Como hijo de España y de Guinea Ecuatorial, has podido sentir lo que supone ser un “guineano en España” y un “español en Guinea”. ¿Cómo has sentido esa dualidad?

Hay un episodio muy gracioso. Estábamos en Gabón en una eliminatoria, entrenando, y se nos acercaban siempre unos niños para vernos. Cada vez que yo participaba, se reían mucho, saltaban y gritaban, y en una de estas escuché que decían “moan ntanang, moan ntanang”. Pregunté al preparador de porteros qué significaba y me dijo: “Esto en fang significa chico blanco, te ven como el chico blanco”. Porque era mestizo y los demás no. Entonces, sé muy bien lo que es ser el europeo en África y el africano en España.

Nunca he sentido infravaloración ni complejo, al revés, estoy muy orgulloso de dónde vengo y de lo que soy, pues todo eso ha forjado mi carácter. He tenido que escuchar cosas muy fuertes en campos de fútbol de España, pero nunca me ha afectado. Me siento mitad europeo y mitad africano y en cada una de mis acciones tengo muy presente ese origen.

Su mitad africana la descubrió en el verano de 2003, cuando viajó por primera vez a Guinea Ecuatorial. Edjogo cuenta que lo primero que le sorprendió al poner un pie fuera del avión fue “la humedad que había en el ambiente, esa bocanada de aire, de humedad que te impregna todos los poros de la piel y que te dificulta incluso los movimientos”.

De ese primer contacto con Guinea, recuerda con un afecto especial el calor que le dispensó la afición mientras entrenaba con el Nzalang: “Fue en el estadio de Bata, el antiguo, y cuando íbamos a comenzar el entrenamiento escuché un gran bullicio entre el hotel Panáfrica y el estadio. Cuando nos acercamos, me di cuente de que el campo estaba lleno para vernos, y ese cariño, ese aliento, ese empuje de la afición, que gritaba de entusiasmo en cada toque, en cada pase, en cada tiro a portería, no se me olvidará nunca”.

Guinea Ecuatorial es un país seguro, repleto de bellezas y con buenas infraestructuras. Sin embargo, su turismo es casi inexistente. ¿A qué crees que se debe?

Muchas veces que hablo de Guinea me preguntan si está cerca de Ecuador, si está en Sudamérica o en Centroamérica. Uno se da cuenta de lo poco que se habla de África en general y de Guinea Ecuatorial en particular, sobre todo en la escuela. Cuando llegas a una edad adulta, te encuentras con gente formada, que ha estudiado y es inteligente, pero que no tiene ni idea del tema, y ese desconocimiento hace que te dé reparo viajar.

¿Cuál es, para ti, el lugar más único que tiene Guinea Ecuatorial?

El pico Basilé es un lugar espectacular, se ve desde cualquier punto de la isla de Bioko. Pero me quedaría con Ureka, un lugar mágico donde vives una sensación de libertad y de exuberancia, entiendo que por ser uno de los lugares más lluviosos del mundo y donde más vegetación y vida hay. Ver esa libertad, esas cascadas y esa vegetación me impresionó mucho.

¿Qué itinerario imprescindible debería seguir alguien que quiera conocer Guinea Ecuatorial?

En Bioko, evidentemente, hay que ir a comer pescado a Luba, muy al sur. Luego, es imprescindible visitar Moka, respirar un poco de su aire fresco, muy puro, no tan húmedo y que te alegra el corazón. Y luego, callejear por Malabo, ir al barrio de Ela Nguema, tomar un poco de pollo, pillar una buena cerveza en alguna abacería e ir a visitar la Casa Verde.

Y qué decir de las islas, de Annobón, Corisco… Es única también la región continental: un amanecer en Mbini o un paseo por Niefang, el pueblo de mi papá.

Alberto Edjogo tiene muy claro que el futuro de su país materno pasa por potenciar su enorme fuerza, presente tanto en el espíritu de su gente, en su amor y talento por el fútbol, como en la exuberancia de su tierra, de sus paisajes y de su cultura.

Alberto Esparza

Alberto Esparza

Filólogo hispánico y periodista. Amante de Guinea Ecuatorial.

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